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Tales contrastes saltan a la vista de inmediato en Recife, capital de Pernambuco, una ciudad de rascacielos y modernas avenidas atravesada por los ríos Beberibe y Capibaribe, que conviven con edificios coloniales y callejones tradicionales.
El estado tiene 185 ciudades en total, grandes y pequeñas, una población que sobrepasa los 7.9 millones de habitantes en un territorio de 98.937,8 kilómetros cuadrados.
El Recife antiguo o histórico -el casco colonial de mediados del siglo XVI- es la parte más pintoresca de Pernambuco. Usted puede visitarla en un tour distendido y bien organizado.
La playa de Boa Viagem -en el centro- es la más frecuentada, producto de sus aguas calmas, ya que las olas rompen contra formaciones de arrecifes de coral que rompen paralelas a la costa.
Quienes visitan Pernambuco en febrero no deben olvidar que el carnaval callejero más animoso de Brasil se desarrolla en Olinda, una ciudad de origen colonial a solo 7 kilómetros de Recife.
Para los paseos ecológicos, por ejemplo en barco y escoltado por delfines, nada mejor que el archipiélago y parque nacional marino Fernando de Noronha.
Es un verdadero tesoro ecológico. El turista dispone de casas de campo instaladas en las playas con todo lo necesario para el buceo (snorkelling), de modo que es posible contemplar en su medio natural a los peces, los corales y hasta restos de embarcaciones hundidas. Consta de 21 islas y preciosas playas.
Las alternativas de entretenimiento son abundantes en Pernambuco. Vale la pena pasar un día en la Isla de Itamaracá, donde están las ruinas de Vila Velha y el Fuerte Orange, enmarcados por lindas playas. Asimismo, el Parque Histórico de Guararapes, Nueva Jerusalén, escenario que retoma protagonismo en Semana Santa; Igarassu, a 30 kilómetros de Recife.
La exuberante belleza natural de Cabo de Santo Agostinho unida a la riqueza de su patrimonio histórico es otro punto de interés, como Paulista y Garanhuns.
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