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Son 906.806,9 kilómetros cuadrados de pura vitalidad tropical. La jungla golpea nuestros sentidos, y nos inclina al goce contemplativo y a la reflexión, cuando no al rélax y al ocio estimulante.
Para pasear en Brasil nada mejor que la región centro oeste, y más específicamente el estado de Matto Grosso. La naturaleza aquí parece haber olvidado el reloj de la historia y se despliega con soberano desenfado, con la misma fuerza que exhibía hace miles de años, pese a que la modernidad y la urbe alardean no muy lejos de allí.
Es el estado con mayor diversidad biológica de Brasil. Todos los matices de la vida natural (bosques, ríos, pantanos inmensos, sabanas) se reproducen y desarrollan en esta zona del país. Su extenso territorio alberga tres ricos ecosistemas: La amazonía (predomina en la zona Norte); el Pantanal (suroeste); y El Cerrado (centro-sur).
Numerosos ríos lo cruzan formando los sistemas hidrográficos Amazónico y Platina. En Mato Grosso nacen los ríos Paraguay, Araguaia, Tapajós, Xingu, Guaporé, entre otros. No es casualidad que se le haya denominado: "Estado de las Aguas".
La ubicación geográfica de Mato Grosso es estratégica y privilegiada en razón de que constituye un punto de actividad económica y comercial equidistante entre el Atlántico y el Pacífico. Por lo demás, la red vial de Mato Grosso está interconectada con los puertos de Chile y Perú, en el Pacífico, previo paso por Bolivia.
Su capital es la ciudad de Cuiabá, centro administrativo y político del estado, y también centro geodésico de Sudamérica. Después de Cuiabá, la capital, las principales ciudades son Poconé, Barón de Melgaço y Cáceres.
Mato Grosso ofrece al mundo una inmensa oferta turística tras el telón de fondo de su selva tropical en estado casi puro y un clima soleado durante todo el año. Sus atractivos más contundentes -para señalar solo dos símbolos de Mato Grosso- son: El Pantanal y el Parque Nacional de Chapada dos Guimarães, entre otros.
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