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Fue sucesivamente colonizada por franceses, holandeses y finalmente por la corona de Portugal. Su capital, Sao Luis, puerta de entrada a Maranhao, ha sido declarada por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Posee una superficie de 333.365,6 kilómetros cuadrados, y 5.638.381 habitantes distribuidos en 217 ciudades. Sin embargo, su densidad demográfica es relativamente baja (16,91 habitantes por kilómetro cuadrado).
Maranhao se enorgullece de mostrar al visitante su famoso Parque Nacional de Lençois, uno de los ecosistemas más asombrosos del mundo, puesto que se trata del único desierto del planeta que tiene millares de lagunas cristalinas de agua dulce, es decir un desierto con muchísima agua. El paisaje es deslumbrante por cuanto la árida zona está repleta de oasis sombreados por palmeras.
Esta curiosidad geológica comprende 155.000 hectáreas de arenas blancas refrescadas por lagos de aguas dulces y cristalinas. Las dunas, que llegan a alcanzar la altura de un edificio de tres pisos, se mueven al capricho de los vientos.
Tampoco se puede perder una visita a Alcántara, ciudad histórica con numerosas casonas coloniales; a Sao José del Ribamar, antigua aldea de indios; a Carolina, donde existen formaciones geológicas de origen aún inexplicables, así como grandes cascadas, cavernas y cuevas con inscripciones rupestres.
Las más pintorescas manifestaciones de la cultura popular, creativa y dinámica, se despliegan particularmente en el Bumba Meu Boi, el Tambor de Cioula.
Maranhão es diferente porque abriga ciudades históricas singulares, riquezas ecológicas, como el Parque Nacional de las Sábanas Marañenses, el Delta de Río Paranaíba y el Parque Provincial Marino del Parcel de Manoel Luís, además de contar con manifestaciones populares, representadas principalmente por la coreografía exuberante del Tambor de Cioula y por la plasticidad del Bumba-Mi-Buey.
Maranhao posee 640 kilómetros de litoral atlántico.
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