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Las playas se suceden una tras otra a lo largo de 230 kilómetros del litoral del estado. Algunas aún no han sido holladas por pies humanos. Son inolvidables para el visitante las puestas de sol en Pontal da Barra. Al atardecer la gente del balneario suele pasear por la costanera o practicar aeróbic mientras se refresca con la brisa marina.
El Estado de Alagoas, con un territorio de 27,731 kilómetros cuadrados, es uno de los más pequeños de Brasil.
El habitante de Alagoas gusta de agradar al visitante. Su hospitalidad viene de mucho tiempo atrás. La generosidad de la gente está profundamente encarnada en el pueblo.
En el siglo XVI Alagoas fue uno de los mayores puntos de ingreso del tráfico de esclavos africanos en Brasil. Posteriormente, los africanos se fueron integrando con la población india y los colonos portugueses.
En 1630 soportó una invasión de la armada holandesa que pretendía arrebatar a los portugueses el dominio de esta parte de América del Sur. El territorio era entonces sumamente rico en plantaciones de caña de azúcar y algodón.
En la historia del estado hay diversas páginas que hablan del deseo de libertad de la población negra. Grupos de rebeldes solían refugiarse en las montañas y fundaban aldeas o poblados llamados Quilombos. El más importante de ellos fue la llamada República dos Palmares.
Maceió, la capital de Alagoas, tiene en el mar y sus lagunas los mayores atractivos. En sus 500 kilómetros cuadrados de extensión alberga cerca de 700 mil habitantes.
Es una ciudad pequeña, con una clara separación entre la zona comercial y el área turística, repleta de hoteles de categoría y posadas, cercanos al mar, además de un importante número de restaurantes, con mesas al aire libre instalados en la línea costera.
Las piletas naturales en pleno mar son uno de los atractivos que más se disfrutan. En sus aguas cálidas es posible bañarse y distenderse sin luchar contra las olas.
Los trabajos de bordados elaborados a mano por las mujeres de los pescadores, una habilidad transmitida de generación en generación, es uno de los componentes de una artesanía muy rica.
Mención especial merecen el arte culinario de los alagoanos. Su gastronomía está encabezada por peces, mariscos, crustáceos y moluscos. Un platillo basado en el sururú, un pez que es atrapado en las lagunas de circundan Maceió, es especialmente delicioso.
Gozan de preferencia los mariscos en salsa de leche de coco. Pero también merecen ser probarse las langostas, los camarones y cangrejos en salsas de pimienta.
Es buena idea darse una vuelta por los restaurantes de Pontal da Barra en las márgenes de la Laguna Mundaú, en la zona sur de la ciudad de Maceió. Allí encontrará locales sencillos que ofrecen comida marina excelente, caliente y recién preparada.
Hay también gran variedad de frutas que dan origen a helados y jugos naturales a la hora del desayuno, junto con dulces y tortas de origen indígena y africano como son la tapioca, cuscús de milho, arroz dulce, batata dulce, etc.
Entre las bebidas típicas regionales encontramos el jugo de caña, el agua de coco, los cócteles de ananás, licuados de frutas de sabor inigualable.
CLIMA
El clima es tropical, cálido y húmedo. La temperatura oscila entre los 18 y 31 grados.
La temperatura marina es tibia en las piscinas naturales protegidas por barreras coralinas construidas por la naturaleza.
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